La palabra “interactuar” no está en el diccionario

Aviso
La palabra interactuar no está en el Diccionario
(Diccionario RAE)
Pues eso, me he encontrado con que el corrector ortográfico del OpenOffice no reconocía la palabra “interactúan”, he buscado en internet (yo estaba segura de que se escribía con tilde, pero nunca se sabe…) y resulta que la palabra no existe. Según leo en el blog de Bruno Unna:
Las cosas no interactuan:
¡Sorpresa!
Hoy he aprendido que no existe la palabra «interactuar». Lo simpático del asunto es que inclusive me atreví a corregir a alguien porque usó el término «interaccionar». Luego fuimos a la RAE y tuve que comerme mis palabras.
Qué cosas…
Pues… de acuerdo con la Real Academia Española de la lengua, la palabra «interactuar» simplemente no existe. La palabra correcta es «interaccionar».
Hay que joderse con la RAE. Una cosa es normalizar el lenguaje para que más o menos nos entendamos todos mejor (con todas las trampas léxicas, y tonterías ortográficas que ello representa) y la otra es eliminar del diccionario una palabra tan extendida… (según leo en uno de los comentarios, la dejaron fuera). Se supone que estos personajes no se inventan el idioma, si no que estudian el uso que se hace de él y lo estandarizan.
No es que me mosquee, pero me deja un poco a cuadros.
A parte de eso, la palabra “interactuar” es más bonita que “interaccionar” y si me pongo a pensar en plan pedante-insoportable-lingüista, creo que incluso es más apropiada, al fin y al cabo este verbo se utiliza, básicamente, para indicar que una persona se “relaciona activamente” con algo o alguien.. La gente no se acciona, se accionan las máquinas, la gente actua. Y, mientras de alguna manera, al decir “interactuar” estás dándole un papel activ0, recíproco, a aquello con lo que “interactuas”, el verbo “interaccionar” me da más sensación de jerarquía, de “acción sobre algo” más que de “acción con algo”.
Ya está..
La zorra de la vecina

- Perdonad, no nos han presentado. Soy Joy Turner, la vecina de al lado, te pasé las toallitas de lejía para el culo, espero que no te hayan irritado…
- Un poco.- ¡Genial! Escuchad, sé que por fuera parezco muy dulce pero por dentro soy una zorra de marca mayor. Tengo una camiseta que lo dice, me la regalaron el día de la madre.
Veréis, el caso es que mi abogada me ha hecho tomar pastillas para controlar la ira. Y cómo habéis utilizado la cabeza de mi hijo como canasta para jugar al baloncensto con latas, dejaré de tomarlas y volveré en cuanto se me pase el efecto.
Fíjate, un árbol de verdad! jajaj… Su olor me encanta.. en serio…qué hermoso.
Cuando se me pase el efecto no sé qué va a pasar exactamente, pero me imagino que con esta lata te romperé los dientes y tu mujer me dirá que deje de patearte y tus hijos llorarán cuando vean cómo te queda la cara.
Puede… que te corte una oreja y me haga con ella un monedero. Jaja.
¡Muy bien! Volveré en tres días para daros el regalo de Navidad prometido, salvo que decidáis que es el momento de mudaros.
- Es el momento de mudarnos.
- ¡Es una noticia fantástica! Y por cierto, ese Santa Claus que mueve el culito es realmente adorable.
- Cógelo
(Joy Turner en “Me llamo Earl“, segunda temporada, capítulo 11, minuto 13:23)
Me aburría y he recortado la escena:
Días mierdosos
Entrada modo mosqueo.
Y no me canso de darme una y otra vez contra el suelo, de hacerme ilusiones y crearme expectativas sobre cosas y de que siempre, siempre, se vaya a la mierda.
Ha sido un verano de mierda, aburrido, poco sociable y sin moverme de aquí porque no tengo un duro. He salido de fiesta algún día, y me lo he pasado bien, y noto que voy progresando en temas de sociabilidad pero en resumen, ha sido un verano mierdoso. Porque casi no tengo amigos, porque no tengo dinero y porque no tengo nada que hacer.
Ahora ha llegado septiembre, pero todo sigue un poco mierda.
No sé que pasa, pero nada sale bien (es decir, como yo quiero que salga).
La semana pasada pude haber disfrutado de varios días de intimidad sexual que se desperdició por motivos laborales, físicos y anímicos. Sin embargo, como tenía medioplaneado pasar el fin de semana “acampando” en la playa pensé que una cosa compensaría la otra (de hecho, los motivos laborales, por ejemplo, eran de cara a tener el fin de semana libre). Pero el plan de acampar se fue a la mierda porque se acabó el verano y parecía que iba a llover, se anuló y al final incluso hizo calor. Esa noche salí de fiesta, estuvo bien, pero consistió en sentarse a hablar en la calle delante de la puerta de una casa con música. Creo que luego follé más o menos, pero lo dejamos para el día siguiente. Claro que no podía salir bien, y al día siguiente me bajó la regla y para acabar de joder, me empezó a doler la muela (un grano de arroz DURO se me clavó en una caries y me hizo una herida – tócate los cojones). Me he pasado 3 putos días encerrada en casa, drogada, con dolor en la boca, un día de los cuáles me lo pasé vomitando porque las pastillas para el dolor me han destrozado el estómago.
Ayer por fin salí, para una entrevista de trabajo de la que no quedé nada contenta, no creo siquiera que me tengan en cuenta para el proceso de selección, pero de aquí a DOS SEMANAS me dicen algo si es que me cojen. El señor marquesito me dijo que le apetecía quedar, y dado que llevaba varios días encerrada en casa, no sé cuántos sin follar (o con sexo pero un poco raro) y últimamente estoy un poco rara con marquesito, estaba cantando que iba a ir. Pero las cosas no salieron como yo me había imaginado y marquesito tuvo compañía toda la tarde y por la noche estaba destrozado y con sueño (y tampoco es que hubiera intimidad para hacer nada).Al menos, pensaba, mis padres me han dicho que este fin de semana se van al Pirineo y puedo montarme el campamento en casa, además igual me dejaban la x-box, así que prometía ser brutal.
Pero ni me han dejado la x-box, ni mis padres se van al Pirineo ni nada.
Encima, hoy había quedado para ir a un concierto, pero nada, y como nada, había quedado con unas amigas, pero al final nada tampoco.
Y estoy un poco cansada.
La semana que viene quería subir al pueblo de unos amigos, y seguro que no voy, tampoco iré a Dublin a ver a mi amiga, ni me haré la ruta sureña porque no tengo trabajo ni dinero y porque cuando consigo dinero, me lo gasto en porros para poder dormir aunque sea un poco.
Tengo problemas de sueño cada vez más bestias, duermo como mucho 4 horas cada día, y me noto cansada, pero no me puedo dormir.
Mi madre cada día está peor, y yo me siento culpable, inútil y estúpida y no le queda mucho tiempo al parecer. Pero verla de un lado a otro de la casa, caminando encorvada, pasito tras pasito, oir sus quejidos y lloros de dolor, etc, etc, etc, me pone triste… y si todas las cosas que me hacen un poco de ilusión se me van a la mierda, no hay manera de animarse.
Al menos estoy contenta porque, al parecer, voy a ir a un espectáculo que promete ser tremendísimo y que sí, me hace mucha ilusión: La obra de teatro de Tim Robbins “Orwel 1984″, pero de aquí a octubre, hay mucho tiempo para que esta ilusión acabe dónde han acabado el resto.
SEMIRELATED POST: ¡Mala Suerte!
Te la como y me cuento veinte
¡Por fin llegó lo que faltaba a mi vida!
Lo habéis visto? Tremendo.
Cartas coñodín!!
¿Y si no quedo satisfecha me devuelven mi dinero o se desentienden?
Buen Juicio
Dedicatoria buenrolleroamistosa
Hoy recordé que me acordé de usted cuando lo leí. Recuerda que recordarás…
¿Le serviste de inspiración a tu amorcito?
Buen rollo.
Unos años antes, cuando Randy se cansó de la presión incesante en la mandíbula inferior, fue al mercado de cirugía oral del centro norte de California buscando a alguien que le sacase las muelas del juicio.
El dentista le tomó una de esas placas de rayos X totales de la mandíbula inferior, de ésas en las que te forran la boca con medio rollo de película de alta velocidad, te fijan la cabeza y la máquina de rayos X da vueltas a tu alrededor lanzando radiación a través de una rendija, mientras todo el personal del dentista se oculta tras una pared de plomo, lo que produce una imagen impresa que es la distorsión no demasiado agradable de tu mandíbula en un único plano. Mirándola, a Randy se lo ocurrieron analogías groseras como “cabeza de hombre aplastada varias veces por una apisonadora mientras estaba tendido de espaldas” e intentó considerarla como una transformación de cartografía, una más en la larga historia de la humanidad de intentar descabelladamente representar cosas tridimensionales sobre una superficie plana. Las esquinas de ese plano de coordenadas estaban ancladas en las muelas del juicio, que incluso para alguien con tan pocos conocimientos odontológicos como Randy ofrecían un aspecto inquietante porque cada una tenía el tamaño de un pulgar (aunque quizá se tratase de una distorsión de la transformación de coordenadas, como la famosa Groenlandia hinchada de Mercator) y estaban muy separadas de cualquier otro diente, lo que (lógicamente) las situaría en partes de su cuerpo que normalmente no se consideran territorio de un dentista, y el ángulo no era el correcto; no es que estuviesen ligeramente inclinadas, sino casi invertidas y hacia atrás. Al principio lo atribuyó todo al fenómeno Groenlandia. Con el mapa de la mandíbula en la mano, se echó a la calle del territorio de las Tres Hermanas buscando un cirujano oral. Estaba empezando a ponerse nervioso. ¡Eran una muelas enormes! Traídas por la acción de hebras de ADN antiguas de la época de los cazadores recolectores. Diseñadas para reducir la corteza de los árboles y el cartílago de mamut a una pasta fácil de digerir. Ahora esos pedruscos de esmalte viviente estaban horriblemente a la deriva en una grácil cabeza de cromagnon que simplemente no tenía espacio para ellos. Sólo había que considerar el peso extra que cargaba. Sólo había que considerar los usos que se podían dar a ese espacio. Cuando hubiesen desaparecido, ¿qué llenaría el espacio de los enormes vacíos en forma de muela de su melón? No tenía demasiada importancia hasta que no encontrase la forma de deshacerse de ellas.
Pero un cirujano oral tras otro lo rechazó. Ponían la placa en las cajas de luz, la miraban y palidecían. Quizá no fuese más que una luz pálida que salía de las cajas pero Randy podría jurar que empalidecían. Falsos – como si las muelas del juicio saliesen normalmente en otro sitio -, ellos comentaban que las muelas del juicio estaban enterradas muy, muy, muy profundamente en la cabeza de Randy. Las de abajo estaban tan atrás que eliminarlas prácticamente rompería estructuralmente el hueso en dos; en ese punto, un movimiento en falso haría que su pico de demolición quirúrgico llegase a su oído medio. Las de arriba estaban profundamente metidas en el cráneo que las raíces estaban enroscadas en partes del cerebro que normalmente se ocupaban de la percepción del color azul (a un lado) y la capacidad de suspender la incredulidad en las películas malas (al otro), y entre esas muelas y el aire, la luz y la saliva, había muchos niveles de piel, carne, cartílago, nervios importantes, arterias que alimentaban el cerebro, abultados nodos linfáticos, vigas y puntales de hueso, médulas que funcionaban perfectamente, algunas glándulas de cuyo funcionamiento se conocía inquietantemente poco y muchas de las otras cosas que hacían que Randy fuese Randy, todas ellas pertenecientes definitivamente a la categoría de elementos que es mejor no tocar.
Parecía que a los cirujanos orales no les gustaba meterse en la cabeza más allá de los codos. Habían estado viviendo en grandes mansiones y conduciendo berlinas Mercedes-Benz al trabajo mucho antes de que Randy hubiese arrastrado su triste culo a sus consultas cargando con la placa de rayos X y no tenían absolutamente nada que ganar intentando sacarlas, no tanto muelas del jucio en el sentido normal sino presagios apocalípticos del Libro de las Revelaciones. La mejor forma de sacarlas era con una guillotina. Ninguno de esos cirujanos se plantearía siquiera proceder a la extracción hasta que Randy hubiese firmado una excepción de responsabilidad legal demasiado gruesa para ir grapada, algo que vendría en un archivador, cuyo contenido general sería más o menos que una de las consecuencias normales de la operación sería que la cabeza del paciente acabase flotando en un tarro de formaldehído en una atracción turística más allá de la frontera mexicana.
por Neal Stephenson. (Criptonomicón III [El código Aretusa])

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3:00 AM (Copy and Paste)
Lo sé, acabo de enlazar a este blog, pero me ha gustado y si el autor no tiene ningún inconveniente, se la copio:
3:00 AM
Me desperté sobresaltado en mitad de la noche y entonces escuché varios disparos. Encendí la luz y me giré rápidamente. Ante mi sorpresa, mi propia sombra me apuntaba con una pistola al pecho y yo sentía que mi corazón se desbocaba.
—¿Por qué te has vuelto en mi contra? — su silueta asentía con la cabeza y me invitaba a tumbarme de nuevo. Obedecí, me metí entre las sábanas y me tapé completamente.
Escuché otros dos disparos y asomé tembloroso, mi sombra estaba sangrando en el suelo y justo enfrente una forma difusa se guardaba un arma.
—¿Y tú quien eres?
—Puedes llamarme soledad.Después otra vez ruido de disparos y sólo oscuridad
Érase una vez el cuerpo humano…
por Neal Stephenson. (Criptonomicón I [El código Enigma])
Me encanta este tipo.
La sala contiene unas docenas de cuerpos vivos, cada uno de ellos un gran saco de intestinos y fluidos tan comprimidos que saltarían unos metros si los rajasen. Cada uno de ellos está construido alrededor de una armadura de 206 huesos conectados entre sí por uniones con tendencia a fallar, dadas a crujidos, chirridos y taponazos desagradables cuando ya no se encuentran en sus mejores condiciones. La estructura está rodeada de filetes que laten, inflados con sacos de aire apretados, y atravesados por un alcantarillado gordiano lleno de ácido burbujeante y gas comprimido y rebosando de enzimas y disolventes asquerosos producidos por muchas pepitas oscuras de carne programada genéticamente enhebradas a toda su longitud. Por todo ese dédalo descuidado se obliga a pasar, por medio de convulsiones en serie, a masas de comida en disolución, para que se transforme en gas, líquido y materia sólida que debe evacuarse periódicamente al exterior para evitar que su dueño muera por intoxicación. Cámaras esféricas llenas de gelatina giran en cuencas engrasadas con mucosidades. Falanges infinitas de cilios rechazan partículas invasoras, envolviéndolas en una sustancia viscosa para su posterior eliminación. En cada cuerpo, un músculo central se debate en un eterno torrente circular de salsa presurizada. Y sin embargo, a pesar de todo esto, ninguno de los cuerpos produce ni el más mínimo sonido durante el discurso del sultán.
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