Volver a la página inicial de TIWANAKU
TRAS LA CAÍDA DE UN IMPERIO
Cuando Francisco Pizarro subió al lago más alto del mundo, para admirar esas fabulosas construcciones narradas por los cronistas españoles, exclamó: “Qué diablo ha podido edificar tan fantásticos monumentos”… Se refería a la ciudad de Tiwanaku. Todo el terreno está horadado por increíbles túneles y en una época las aguas del lago llegaban a las puertas de la ciudad. Cuando el conquistador preguntó el nombre de esas fabulosas ruinas, le respondieron “Tiahuanaco”. Le dijeron que el lugar fue concebido por individuos que sabían mucho de astronomía y que conocían perfectamente el eje geográfico de la Tierra, como lo demuestran los ejes que parten de la pirámide de Akapana.
En el Templo de Kalasasaya, los conquistadores españoles quedaron atónitos y no faltó quien dijese que tal obra era una de las Maravillas del Mundo. El templo se alza al noreste de la pirámide de Akapana; que en nombre aymará significa “Piedras Erguidas” y en uno de sus ángulos se alza todavía la famosa Puerta del Sol, El fraile Diego de Alsobaso fue comisionado por las misiones para visitar la enigmática ciudad de piedra:
“Había muchas delicadas estatuas de hombres y mujeres, tan reales que parecían vivientes. Algunas sostenían copas y parecían estar en posición de beber… En mil posturas naturales, las estatuas aparecían de pie o reclinadas, con la curiosidad de que llevaban barba”.
La narración del fraile por la impresión que le causó Tiwanaku, preocupó a la iglesia, a tal punto que ordenaron convertirla en polvo: y durante los próximos 200 años, la ciudad será saqueada y devastada hasta sus cimientos: estatuas de oro macizo de tres kilos, tazas, platos, vasos, y cucharas también de oro, que hoy se encuentran en colecciones privadas, demuestran lo antiquísimo de esos cubiertos de mesa, que hoy usamos, y que aparecieron por primera vez en Europa hacia finales del siglo XVI, pero que ya se usaban 4 mil años atrás.
Tras las condenas infernales de los primeros días de la Colonia se inició el saqueo. Primero fueron las placas de oro y las excavaciones en busca de tesoros. Luego vino el desmantelamiento de pirámides y estelas que fueron aprovechadas como cimientos de iglesias, molinos y puentes. Se cuenta que una de las primeras cargas de sillares fue destinada a la iglesia de San Francisco de Tiwanaku [IMAGEN 22]
Otra se usó para la construcción del templo del naciente pueblo de San Pedro de Tiwanaku. El hambre y la esclavitud hicieron su parte.
El drama de la otrora esplendorosa Tiwanaku tampoco cambió con la llegada de la República.
Era una cantera abierta, sus piezas fueron convertidas, incluso en durmientes de raíles de tren. En 1940 el templo de Puma Punku funcionó como polígono de tiro para prácticas militares. También empezaron a actuar quienes alimentaron incontables colecciones arqueológicas en Europa y EE.UU.
Progresivamente la codicia tomó cuerpo. Las ruinas carentes de siquiera una alambrada fueron testigos de disputas que llegaban a zanjarse a balazos hasta fines de los años 50. El “noimportismo” de los gobernantes se justificó, incluso, con la idea de que no valía la pena cuidar monumentos de indios.
En el año 2000, Tiwanaku fue declarada por la UNESCO Patrimonio Histórico de la Humanidad.


