Mente en blanco


Salgo del debate acabando de fumar un porro, bicicleta en mano. Pienso sobre lo que se ha hablado (porque yo no he participado, como de costumbre me he limitado a escuchar).

Cojo el metro, vaya coñazo de viaje me espera y tengo sueño..

El metro está a rebosar de gente, es realmente agobiante, y más llevando la bici, tendría que haber esperado un rato o haber salido antes, pero bueno, intentémoslo..

Durante el viaje (sin libro ni música para entretenerme) observo a la gente. ¡Qué gente más rara te encuentras en el metro! (pienso). Cuando salimos de Plaza Catalunya, no cabe nadie más, al menos en mi zona. Empiezo a bostezar. ¡Joé que sueño, mejor cierro los ojos..!

Al rato, noto temblores, espasmos, abro los ojos, estoy en el suelo del vagón, rodeada de gente con expresión de preocupación que empieza a preguntarme cosas, no entiendo nada, hay un tipo que aguanta mi bicicleta. Me doy cuenta de que me he desmayado, consigo hablar con lxs buenxs samaritanxs que me levantan las piernas y me acomodan la cabeza para que la sangre circule correctamente.

Decido incorporarme, sentarme almenos, la sensación de estar tumbada en el suelo, rodeada de tanta gente mirando, me agobia.

Tengo mucho calor, el collar me aprieta el cuello, me siento y me lo quito.

Decido intentar levantarme, lo consigo y me apoyo en la pared. La gente sigue hablándome y yo les contesto y no hago más que repetir: “Joooder”.

Aún no estoy fina, sigo algo mareada. Me noto flotar, me han cogido en brazos y me sacan del vagón. Parece que he vuelto a desmayarme. Cuatro chicos (uno resultó ser estudiante de medicina) y una chica (creo que era enfermera) [eso es vocación!:D] me acompañan a sentarme en los bancos del andén. Me quito toda la ropa que puedo, el collar (que en algún momento me había vuelto a poner) y los guantes. Mierda, estoy jodida.

Jose Luis Onecha

El jipi-aspirante a doctor me pregunta si he tomado drogas: una cerveza y un porro, nada más… ¡de verdad!. Tras pedirme que le pase el contacto (“vaya maría más bestia no?”), me contó que él dejó de fumar porros porque siempre se desmayaba, a lo que le contesté “vaya putada” y “es la primera vez que me pasa”. Me entra tos, toso, toso, y toso y vomito. El airecito del andén me espabila bastante. Me siento algo mejor, les doy a mis salvadorxs las gracias mil veces y les autorizo a marcharse y seguir con sus cosas así que cuando viene el siguiente metro, se van. Y vuelvo a vomitar.

Decido esperar un rato y aprovechar el airecito, me tumbo en el banco y cuando me noto mejor, me levanto. Viene un metro, voy a cojerlo pero está a rebosar de gente y mi bici y yo no cabemos de ninguna manera. Ya cojeré el próximo. Me siento en las escaleras. Baja un tipo y se queda cerca, ya estoy mejor, pero si levanto la cabeza me mareo. El próximo tren vendrá dentro de 7 minutos, concéntrate en mantenerte consciente hasta que venga, este tipo no me produce ningún tipo de confianza así que más te vale no volver a ese estado.

– Hola reina, ¿te gusta pasear?

Le ignoro, no tengo energías para rabiarle.

– ¿Hola? ¿Qué no contestas, guapa?

Hijodeputa, pienso. Sigo ignorándole, esta vez con ganas de pegarle una paliza pero sin energía tampoco. Parece que mi indiferencia ha surtido efecto y me deja en paz. Pero sólo lo parece, cree que no le he oído.

– Hola reina, ¿te gusta pasear?

– Muérete, pallaso. – respondo

El tipo me mira extrañado y me dice algo que yo interpreto como “eh, tranquila, buen rollo”, le miro con esa cara de psicópata tan natural que tengo y se marcha. Viene el metro, lo cojo, joder, qué calor. Vuelvo a marearme. Me bajo a la siguiente estación (Clot) y me dirijo hacia las escaleras. Me siento y vomito. Vomito mucho, parece una catarata. Pero me siento mejor de nuevo. No me siento capaz de llegar sola a casa. La bici resulta engorrosa pero una ayuda a la vez, ya que me sirve de “bastón” o “andador”.

Pienso: Tienes 3 opciones para llegar a casa:

1. Ir por tu propio pie: Sería lo mejor, tranquila, pero no me veo capaz. Tendría que quedarme aquí hasta que estuviera realmente mejor.

2. Pedir ayuda a alguien: En este caso, lo más coherente sería llamar a mamá o a papá ya que mi destino es su casa. Y papá tiene coche, quizás..

3. 061: Si no hay más remedio y no mejoro, quizás tendría que avisar al jefe de estación o llamar al 061 para que me atiendan o me lleven a casa o algo..

Valoro las tres opciones y me decido por la más sencilla así que papá vendrá a buscarme a la salida de Sant Andreu.  Mareada, cojo el siguiente metro que pasa, apoyo la bici en la pared (habría pasado una hora desde que me sacaron en brazos) y me siento. No quiero montar otra vez el espectáculo en caso de que vuelva a desmayarme. Consigo llegar a Sant Andreu sin apenas perder el conocimiento, cojo ascensores y parriba, no domino muy bien a mi bicicleta… Salgo del ascensor, y papá me quita la bici, las chaquetas (que no me había puesto porque necesitaba aire) y todo lo que llevo en las manos. Me subo al coche y pa casa.

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