Una noche de jueves extraña (Feliz jueves!)


A continuación, un resumen de una noche de “fiesta” bastante extraña:

El otro día había que salir de fiesta, había que sustituir el 8 por el 9 en el calendario y tal acontecimiento se merecía una noche de alcohol, sexo y drogas como “diosmanda”.

newyear

¡Pero no! Me disfracé en plan “Clockwork Orange” y acabé llendo con un par de amigas (que no podían haberse puesto más “monísimasdelamuerte” a un bar musical en el centro de la ciudad. Un garito muy íntimo y a rebosar de gente con un señor que tocaba la guitarra y cantaba canciones comerciales dignas de los 40 principales que todo el mundo se sabía (Me incluyo ¬¬). Cuando este señor (Javier Ros, creo, aunque no estoy muy segura) abandonó el escenario, subió un personaje divertido. Un señor de entre 45 y 50 años (advierto: soy muy mala poniendo edades), borracho (según una de mis amigas siempre es así, no es el alcohol, es que ha sufrido algún tipo de mutación que le hace estar permanentemente en estado de embriaguez aunque no beba) que se puso enseguida a hacer bromas (sexuales la mayoría de ellas) y a interactuar con el público (de manera sexual la mayoría de las veces). Entonces aparecieron los padres de una de mis amigas. ¡Qué sorpresa más agradable!

Estando observando las actuaciones musicales, entro un “paki” en  el local…

– ¿Rosa?

– ¿Me la regalas?

Y me la regaló!  (Uy madre mía, qué ilusión!) Al final nos regaló rosas a las tres, que más tarde, le regalamos a la madre de mi amiga.(Le dimos algo de dinero, al hombre, nos supo mal)

Se acabaron las actuaciones y tras echarnos del local (yo estaba esperando a ver si se hacía o no la orgía que el segundo cantante había prometido y que finalmente no se celebró [quizás sí, pero estaba reservado el derecho de admisión]) los pamares de mi amiga decidieron que nos traían en coche hasta nuestras casas.. Pero yo había llevado la bicicleta, así que fui a cojerla para llevármela para el metro. Y aquí empieza lo gracioso (bueno, igual tú no te ríes, pero eso a mí me da igual) :

El candado de la bici, estaba estropeado, no se abría. El código que puse de seguridad (y pese a que estaba borracha lo recordé y lo puse bien) no cesaba, así que mi bicicleta estaba atrapada en el centro de la ciudad. Mientras intentaba desatascarlo, me llamó mi madre (igual eran las 6 de la mañana). Le expliqué que ya estaba de camino, pero que tardaría por el tema de la bici y ella automáticamente mandó a mi padre a buscarme con herramientas para soltarla. Y me senté en un banco a esperar a que viniera.

Mientras esperaba, apareció un grupo de chicas más borrachas que yo que empezaron un espectáculo en medio de la calle (tardaron una media hora en darse cuenta de que las observábamos (un par de chavales se les sentaron en el banco de al lado para seguir el show y con otras intenciones que no voy a escribir aquí porque esto es un blog decente). Para hacer más llevadera la espera, decidí que era buena idea fumar (sí, porro) [siempre es buena idea] y mientras lo fabricaba, pasó un señor que me ofreció un intercambio comercial, al cual me negué y le regalé para un par de cigarritos manipulados. Me dio un beso en cada mejilla, las gracias, y se marchó.

Un poco después, un chico se acerca sigilosamente a mí, se pone delante y me dice bajito:

– Ey, ¿me dejas tu sombrero?

– Adelante!

– ¡Qué guay! (Se lo pone) Oye, ¿me lo regalas?

– pfff.. mira es que forma parte del disfraz y me lo he hecho hoy.. ¡el espíritu navideño no da para tanto!

-¡Nada tranquila! ya me compraré uno!

– Vale 😉

Y se fue.

Las chicas seguían con el espectáculo y en este punto ya habían empezado a interactuar con nosotrxs. Pasaron dos chicos que se pusieron a discutir en medio de la calle (algo sobre porros, creí escuchar) iban trajeados, con corbata, camisa blanca y americana. Yo observaba las dos obras de teatro que de repente se estaban dando lugar en la Rambla de Catalunya. Uno de los chicos-traje, se acercó a mí (que estaba fumándome el porro) y me pidió fuego. Sin decir nada, le di el mechero, se encendió el cigarro, me dio las gracias y se fue. Pasados cinco minutos en los que seguí con el espectáculo femenino, volvió el chico-traje:

– Oye, ¿quieres una cerveza?

– ¿Cómo?

– Que si quieres una birra. Es que te he visto aquí antes, que te estabas fumando el porro y he pensado “porro-birra” ¿Quieres una heineken? (agua)

– Bueno, vale! 🙂 ¿Te pago algo?

– No, no, ¡qué va!

– ¡Ala! Pues gracias!

– Nada! Feliz año!

– ¡Feliz jueves!

Y se marchó… (lástima.. :()

Al final llegó mi padre y nos pusimos a robar mi propia bicicleta en medio de la calle… Así que eso, muy raro todo, pero muy divertido. Eso sí, poco alcohol, nada de sexo (no entramos en cuestiones onanísticas) y si hablamos de drogas, dos porros…

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