¡Pues yo también lo publico!


Pues yo también lo publico!

Porque me da la gana, porque tienen su gracia, son raros,  porque los he corregido y porque me da pereza escribir y estoy hasta los mismísimos de ver al señor MA. Barracus cada vez que abro PalabradeLagartija.

(Me he tomado la libertad de corregir la ortografía de algunas partes que, o bien no me pasaron para que corrigiera, o se me escaparon corregir…)

“Los cuentos de Billy”

Los últimos salvajes (Título fácil, pero se lo he puesto yo ahora mismo para diferenciarlo de la otra historia, ¿qué esperabas?)

¿Qué estás haciendo leyendo esta basura? Si no es la tele, es un periódico o el ordenata, o un libro de mierda que te hace sentir mas culto. Todas informaciones inútiles que no te ayudan de nada en tu vida, sí, la vida de la que huyes porque es demasiado estúpida y que podrías encender de pasiones si quisieras. Déjate de chorradas, arranca las hojas que estas leyendo y límpiate el culo, que yo pensaré en otro engaño para buscarme la vida.

«¿Habrá que decir a usted, usted que ha adivinado más de lo que hayan adivinado los demás, que en este libro atroz (Les fleurs du mal) he puesto todo mi corazón, toda mi ternura, toda mi religión (disfrazada), todo mi odio, toda mi desgracia? Es verdad que escribiré al revés; juraré por los dioses que es un libro de arte pura, un prodigio, un numero de magia, y mentiré como un charlatán>>.

Podríamos hacer una comparación con la gente de los árboles. Los altos edificios representan el mal. Las mujeres Mbutu, por una lógica actitud, se dedican al estudio de la flora urbana y a la tarea de recoger los frutos que la naturaleza-ciudad nos regala. Los frutos que provienen de la basura son abundantes y son repartidos igualitariamente. Los hombres se dedican a cazar. Esta tarea requiere de nervios firmes y astucia porque en cualquier partida puede caer el cazador. Los cazadores Kung más jóvenes empiezan por los supermercados para familiarizarse con el control del miedo y la rapidez de movimientos. Los experimentados pasan a cazar en tiendas ricas y raramente en algunas tribus, hay algún ladrón de bancos. No conocemos la esclavitud del trabajo asalariado. No distinguimos entre juego y curro. Somos peligrosos y al mismo tiempo estamos en perfecta empatía con nuestro entorno. Somos los últimos salvajes.

Julia empezó a comer con avidez el plato de espaguettis que Billy le ofreció, probablemente el primer plato caliente que comía desde hacía meses. En el fondo, era bastante guapa: un cuerpo esquelético que conservaba aún unas pocas curvas, alta, la cara huesuda no tan descaradamente yonki, la nariz sureña. Cuando se le escapaba una sonrisa, enseguida la escondía avergonzada, porque descubría los pocos dientes que le quedaban. Las otras putas de la zona la envidiaban. Julia era entrañable. Cuando Billy ocupó la casa de arriba de dónde ella vivía con su compañero, les pinchó la luz y el agua a cambio de que limpiaran el patio de chutas y bolsas de basura.

Comía con sangre en los ojos, probablemente también por el subidón de blanca que llevaba. Billy empezó a fantasear con la línea de sus muslos, siguiéndola con la mirada despacito hasta el punto en que la minifalda paraba el trayecto, exaltando la imaginación. El calor (o algo más) empezó a darle rápidos golpecitos en las sienes.

Ella comía con gusto. De pronto se paró.

– ¡Joder! ¡Mi diente! ¡Me lo he tragao! ¡Mi diente! ¿Qué hago? ¿Si lo recupero me lo volverán a pegar? ¿Qué hago?

Corrió a la ducha, se metió la manguera en la boca y tragó cuanta agua podía respirar, luego abrió los ojos de par en par, como si esperara una revelación divina y… shhhhh…. shhhhh…. echó una pota memorable, de éstas que parecen salir de botellas de champagne agitadas.

Empezó a rebuscar en el vómito llorando y gimiendo “¡mi diente!” y siguió vomitando, sollozando y chapoteando.

– ¿Qué hago? ¡Quizás si tomo laxante, luego lo encontraré!.

Billy miró al plato. Recogió el diente que descansaba con aire cínico en la salsa y lo tiró por la ventana.

¿Cómo hacer divertidos tus momentos de aburrimiento? Diez minutos de tragedia en pantalla y te olvidarás de la escasez de emociones que te regala la vida. ¿Y la rebeldía? Con rabia, con alegría y con cordura probablemente empaquetada en DVD’s y ya a la venta. Si sigues agobiado no te preocupes, para estimular algo tus nervios te queda siempre la opción de enchufar tu último disco de mierda, si no, busca a tu camello pa que te venda más mentiras y más mierda.

Cuando trincaron al compañero de Julia, Billy se vio la persona más cercana a ella, una puta sola.

Entonces Billy iba por ahí dando palos a farmacias, guerrero romántico y salvaje, y con eso le sobraba pa vivir bien. Así que le dijo a Julia que si tuviera algún problema en casa, él intervendría, pero que no se hacía cargo de su negocio.

Como es obvio, Julia era vista ya como una tenochtitlan por los conquistadores de la zona. Siguieron unos y otros en una pantomima de lucha donde los adversarios eran hombrecitos enfermizos, algunos confidentes de la poli, pero dispuestos a sacar bardeo a la primera. Todo acabó con Mariano como ganador, uno al que los maderos le pegaron veinte balazos en un atraco y se quedó cojo y con un brazo agramado. El tío era un plasta. También trajo a su chica, Manu.

Billy se lo pasaba de puta madre, pero volvía a casa lo menos posible, porque la finca de dos pisos otra vez se había convertido en un campo de chutas y madriguera de yonkis soplones.

Las chicas se hartaron pronto del chulo discapacitado y las peleas entre ellos eran interminables, hasta que Billy tuvo que intervenir un día que el jodido se estaba pasando con Julia y lo echaron.

Billy llevaba una semana sin volver. Cuando llegó, al principio de la calle vio el humo negro, los bomberos, la poli, la ambulancia, las chicas con la cara quemada.. Nerón había vuelto para pegarle fuego a Roma. Su casita tan currada hecha cenizas y él… bueno, en realidad él no se sentía tan mal, su identidad quemada y sus propiedades destruidas, igual que cuando llegó dos años antes. Libre de toda responsabilidad, se encaminaba hacia otras aventuras con los dientes bien cerrados y su buena estrella siempre encendida.

Marta

El romanticismo es el último producto de la estupidez colectiva del siglo XX. Amor, romance, sueños baratos. En realidad el romanticismo tiene algo que ver con el amor, pero más bien con los sueños. Los sueños son nuestros deseos mas íntimos y no necesariamente tienen algo que ver con el amor. Juan la gaviota era un romántico perdido y nunca habló de amor. Marta y Billy perseguían su sueño como dos románticos en la época de las telenovelas, por eso fueron llamados criminales. Ya sabes: la sangre, los muertos, los polvos. Como Mikey y Mallory, pero sin cámaras. Es sabido que de bastardos está infestada la prensa.

A Marta la conocío una tarde nublada y pegajosa, bebiendo litronas en el parque. Era un día aburrido, hasta que se subió la falda. Primero un cigarro a medias, luego se fueron a follar, cuando empezó a llover se refugiaron en un todoterreno de competición abandonado en un descampado. Follaron sin parar bajo el estruendo del chaparrón, hasta que quedaron exhaustos.

Despertaron al día siguiente en el coche verde y amarillo oxidado, sin motor, sin ruedas, apoyado sobre unos tochos. Él la invitó a un café pero ella le dijo que no, moviendo la cabeza en un gesto tierno de desaprovación pero apasionado al mismo tiempo. Marta bebía sólo agua de fuente y resultó estar tan loca como él.

Hablaba de ir a vivir a Barcelona, dónde decían que la expropiación era tan legal como el pagar impuestos y que se estaba preparando una banda insurreccional que no tenía nada que envidiar a los solidarios de Durruti. En Barcelona, los burgueses huían como ratas que abanonan un barco que está a punto de hundirse, y a los curas ya los habían matado a centenares. Los policías compartían armas con los insurrectos y se pasaban los días tomando copas, ya que estaban de acuerdo con el cambio inminente. Todas las casas ya habían sido expropiadas por el pueblo y reasignadas a los necesitados.

Hicieron planes. Harían un último atraco a un banco, algo serio, e irían juntos a Barcelona para sumarse a los revoltosos y defender el sueño pirata que perseguían desde hace años. Billy estaba eufórico. No más tirones, no más robos de novatos, basta de yonkis, de txotas, de podridos.

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