[Especial] Vacaciones improvisadas (V.Granada/Motril/Granada, Jornada 4)

Despertamos justo antes de que llegara el servicio de mantenimiento del parque a cortar la hierba (que estaba bien mullidita) y organizamos el día.

Locutorio a buscar información sobre cómo llegar a una playa nudista de la que habían hablado a Carqui.

En la estación de autobuses, nos encontramos al señor no fiable, que al parecer, frecuentaba mucho la zona.. Un hombre nos preguntó qué hacíamos con ese y nos dijo “no le hagáis caso que siempre está por aquí mirando qué puede robar” (Radar dRkY rendimiento 100% fiable).

Yo estaba enferma y ya no de manera sexual. Arcadas constantes, sensación de ahogo, sofoco, vómitos, mareos, tos, .. al parecer la noche a la intemperie no me sentó demasiado bien. Cogimos un autobús dirección Motril dónde debíamos hacer transbordo a uno que iba a Torre Nueva y de allí caminar o hacer autostop hasta la playa de la Joya.

El viaje fue horrible y cuando llegamos a Motril no podía con mi vida. Me senté y decidí que iba a tener que vomitar para estar mejor, así que me fumé un cigarro industrial, que con el trancazo que tenía me provocó tos de manera prácticamente inmediata, y la tos dio paso a las arcadas, que aproveché para vomitar en el baño de la estación de autobuses… Dormir en la playa esa noche no era una opción contemplable para mí.. prefería pasar a comprar un machete y dormir en casa de Josemi Palomitas y tampoco tenía el cuerpo como para coger otro autobús hasta Torre Nueva…

Paseamos por Motril.. no me gustó. A simple vista, la gente era mucho más estirada y podía percibir un olor rancio en el aire.. un perfume fascistoide extraño.. no fue más que una sensación, supongo, hasta hace una semana ni siquiera sabía dónde estaba Motril, como para sacar conclusiones sobre las características socio-políticas de la población. Coño, qué pedante soy, me cago en dios…

Estuvimos en la playa un par de horas y a causa de mi estado de salud, decidimos volver a Granada… Además, por mal que estuviera, quería volver a ver al camarero del bar.

Antes de pasar por el Enano Rojo, decidimos ir a una tetería y me pegué dos chutes de infusión contra resfriados. Teníamos a una gente enfrente a quiénes preguntamos si les importaba que apagáramos el ventilador. Y empezamos a hablar. Nos informaron de que había una actuación de un grupo de gitanos en un local escondido en un callejón y quedamos en que seguramente iríamos. Ecuatorianos, blanquitos: Sofía, pelirroja, pelo corto, guapa y simpática. Alexandras moreno, pelo largo o con rastas, no sé, gafas, no diría que guapo, pero con encanto, simpático, pero introvertido.

Pasamos la noche a la salida del local donde supuestamente tocaba el grupo de gitanos, que según dijeron Sofia y Carqui, estaban poniéndose a tono con unas copitas. Acabamos siendo un grupo de 7 personas o así, porque fue sumándose gente. Intentamos encontrar un local abierto pero a las 4 de la mañana de un jueves, sin querer pagar entrada, estaba jodido el tema. Decidimos dormir en la estación de autobuses porque llovía y Ángel, un chico de León muy majo con furgoneta, nos acercó hasta allí y nos dijo que nos dejaría sitio en su furgoneta, pero que no cabíamos porque la cama superior estaba rota. Joder, creo que también me lo hubiera follado.

Cuando llegamos a la estación de autobuses nos abordó una mujer llorosa y nos pidió dinero para coger un taxi. “Ya estamos” – pensé. Nos explicó que su novio le había echado de casa, que había llamado a un amigo que siempre la ayudaba para que viniera a buscarla pero se había quedado sin batería y no podía contactar con él y no sabía si iba a llegar o no. Carqui la abrazó, se desahogó un rato y aparecíó su amigo con el coche. Ayudamos a cargar las cosas en el coche, hablamos con los dos, intercambiamos números y nos despedimos. Entonces el hombre se dió cuenta de que íbamos a dormir en la estación y nos dijo que fuéramos a su casa. Aceptamos. Tuvimos que parar en la “zona chunga” de Granada para que la mujer comprara su dosis de “platita” por 6 euros. Tardó mucho, así que Pepe, el hombre, me contó toda su vida. Había vivido muchos años en Barcelona, trabajando para el Ministerio de Cultura y le hacía gracia hablar conmigo. Yo no podía con mi alma (recordemos mi trancazo) y aún así, me quedé horas y horas hablando con los dos (Carqui se fue a dormir) sobre drogas, sexo y no sé cuántas cosas más. Cuando vi que molestaba, a las 8 de la mañana o así, me fui a dormir.. ¡Cama!

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Ya he vuelto de vacaciones, y para seguir la mala costumbre que estoy cogiendo últimamente con PalabradeLagartija de dedicarme únicamente a contar batallitas, voy a explicaros como fue la preparación y transcurso del viaje.. Si hubieran sido unas vacaciones “normales” no me tomaría la molestia de contarlo, pero es que ha sido todo muy extraño, curioso y desconcertante.. pero joder, ¡qué viaje!

Necesitaba irme, salir de esta puta ciudad y del asqueamiento que me embargaba, pasármelo bien y tomarme un respiro de todo. Sin nada que hacer, nadie con quien quedar, frustrada y sin esperanzas de mejoras a corto plazo. Y fíjate tú, que al final salió algo.

PREPARACIÓN:

Teóricamente llevaban a “Carcajada Sonora” (“Carqui” en adelante) en furgoneta hasta Granada, quedábamos allí, dónde podíamos quedarnos a dormir en casa de una gente y luego ir moviéndonos a otros lados haciendo autostop. Dispuestas a dormir en parques y playas, con el dinero justo (mío, a devolver), y sin plan establecido, pero con muchas ganas, empezó la aventura.

Como sabéis, soy un poco idiota. Cuando estuve mirando por internet, las opciones de transporte que tenía para ir, finalmente y a falta de respuesta de los contactos de las páginas de “compartir coche” (viajamosjuntos, comuto, amovens), me decidí por ir en Renfe (70 euros). La idea era llegar el sábado por la mañana y encontré un tren que cumplía las condiciones y como no tengo tarjeta de crédito, fui a comprar, de un día para otro, un billete dirección Granada a Sants-Estació. Después de una hora de viaje hasta la estación y de 40 minutos de espera para ser atendida, me informa el taquillero de que no quedan plazas, que pruebe a hacerlo por internet, que igual queda alguno en las ofertas. Llamo a mi madre para que me deje su tarjeta de crédito, pero no sé exactamente por qué, no vale para compras por internet. Me dice que pruebe a preguntarle a una amiga suya, que me dice que no sabe hacerlo y que me deja la tarjeta, pero que vaya a su casa y lo haga yo. Tras otra hora de viaje, llego a casa de esta mujer, voy a comprar el billete, y me encuentro con que no quedan. Así que compro un billete de avión por ochenta euros que sale a primera hora de la mañana del sábado, lo que me permite llegar allí según lo planeado.

Tuve que salir de casa a las 4:30 de la madrugada para llegar al aeropuerto a la hora. Cogí el primer tren que se dirigía allí. Llovía, y el autobús que lleva desde la Renfe hasta la Terminal 1, iba despacio. La cola para obtener la tarjeta de embarque era tremenda. Cuando por fin me toca, me dicen que hace 2 minutos que han cerrado el vuelo y que no embarco. Le digo que el vuelo no ha salido aún, que no tengo que facturar maleta, pero pasa de mí y me dice que me vaya a quejar a otra parte. Y es lo que hago. Me informan de que puedo ser ubicada en otro vuelo, pagando una multa que asciende a 85 euros y de que tengo una hora para realizar el pago o se me anula la posibilidad y tendría que comprar un billete nuevo por 150 euros. Reflexiono y pese al dolor, decido pagar la multa, pero el efectivo del que dispongo no es suficiente, así que voy en busca de un cajero. Ningún cajero del aeropuerto tiene entrada para libretas, solo para tarjetas, así que me mandan a la oficina de la Caixa que hay en la parte de abajo. Allí, el cajero automático me informa de que a pesar de haber ingresado 350 euros el día anterior, mi saldo es inferior a 90 euros. Como la oficina no abre hasta las 7:30, tengo tiempo de ir a la taquilla de Vueling a explicarles lo que pasa y me dicen que me dejan un cuarto de hora más para pagar la multa. Hago cola en la oficina, el hombre no abre la ventanilla hasta las 37 y tengo a 3 personas por delante que tienen que hacer gestiones que consumen una cantidad de tiempo considerable así que cuando llega mi turno ya se ha pasado el cuarto de hora extra y el hombre me informa de que no dispongo de ese dinero porque al parecer hay varias maneras de realizar los ingresos y yo había elegido la peor y ese dinero no estaría disponible hasta el lunes por la mañana.

Agotada, frustrada, enfadada, sintiéndome gilipoyas… decidí irme a casa a dormir y decidir qué hacer. Estaba tan perdida, que no sabía qué tenía que hacer para volver a la estación de la Renfe y tras caminar un rato buscando una indicación (por la que seguramente pasé varias veces pero en mi estado no la vi), me senté a esperar un autobús que me llevara hasta dónde fuese y luego coger el metro allí. Paró un taxi a preguntarme si me llevaba y le dije que no tenía dinero. Me preguntó a dónde iba y me dijo que el trayecto serían unos 6 euros. No sé muy bien cómo, al final se ofreció a llevarme gratis y me dió su número de teléfono por si otro día necesitaba un taxi y quería pagarle el viaje.

Cuando llegué a casa, me dí cuenta de que no tenía llaves, se las había dejado a una vecina en el buzón (instrucciones de mamá). Estuve cinco minutos llamando al timbre pero no respondieron y le pedí a mi madre que la llamara. Son gente que siempre están en casa, viven encerrados. Pero justamente, ese día, se fueron a Palamós y no pensaban volver hasta el día siguiente. Fui a casa de mi abuelo que me suponía de viaje, le expliqué lo que había pasado y tras aguantar la bronca de turno y el “es que no haces nada bien”, me dejó su copia de las llaves y pude, por fin, llegar a casa a descansar.

Dormí unas horas y me puse a pensar qué hacer, a valorar las opciones que tenía y las ganas de irme (que se habían desvanecido por los sucesos acontecidos). Mientras hacía esto, me abrió conversación por MSN un amigo que, cuando supo que estaba en Barcelona todavía, me llamó por teléfono y tras escuchar mi relato, se ofreció a adelantar el dinero del billete de autobús (70 euros, 13 horas). Llorando y con la autoestima por los suelos, le agradezco el favor y me voy a la estación de autobuses. Tras 13 horas de viaje en las que me vi acosada por un tipo paquistaní pesado que no me dejó dormir hasta llegar a Valencia (porque bajó), llegué a la estación de autobuses de Granada.

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