1952. Toy Story.

Cuento de Philip K. Dick, escrito en 1952, que bien podría ser el “germen” de Toy Story (1995). Aunque es cierto que la idea de que los muñecos cobren vida (jojojo, ese vídeo es tremendo) no es muy original, no creo que ande muy desencaminada al afirmarlo. Y si ando desencaminada me da igual.. juzgad by yourself.

NOTA: Al final del cuento, vídeo “comparativo”.

LA PEQUEÑA REBELIÓN

El hombre estaba sentado en la acera y mantenía la caja cerrada con ambas manos. La tapa de la caja se movía con impaciencia luchando contra la presión de los dedos.

– De acuerdo – murmuró el hombre.

El sudor resbalaba por su rostro, un sudor denso y húmedo. Abrió la caja poco a poco, sin separar los dedos de la abertura. Un tamborileo metálico sonó desde el interior, una leve pero insistente vibración que aumentó de intensidad a medida que la luz del sol penetraba en la caja.

Apareció una cabecita redonda y brillante, y luego otra. Otras cabezas se abrieron paso con dificultad.

– Soy el primero – chilló una cabeza.

Se produjo una trifulca momentánea, y luego un apresurado acuerdo.

El hombre que estaba sentado en la acera levantó la figurita de metal con manos temblorosas. La depositó en el suelo y le dio cuerda con sus torpes y abotargados dedos. Se trataba de un soldado provisto de casco y fusil, pintado en tontos brillantes y en posición de firmes. Mientras el hombre giraba la llave, los brazos del soldadito se alzaban y bajaban. Se movía con energía.

Dos mujeres paseaban charlando por la acera. Observaron con curiosidad al hombre sentado, la caja y la brillante figura que tenía en elas manos.

– Cincuenta centavos – murmuró el hombre – . Llévenles a sus hijos algo que…

– ¡Espera! – se oyó una débil voz metálica -. ¡A ellas no!

El hombre interrumpió su perorata bruscamente. Las dos mujeres intercambiaron una mirada, y luego se fijaron con más atención en el hombre y en la figurita de metal. Pasaron de largo con gran rapidez.

El soldadito miró a un lado y otro de la calle, a los coches, los compradores. De repente se agitó y susurró algo con voz áspera e impaciente.

El hombre se contuvo.

– El niño no – dijo secamente.

Trató de apoderarse de la figura, pero los dedos de metal se clavaron en su mano. Jadeó.

– ¡Diles que paren! – chilló la figura – . ¡Haz que se detengan!

La figura de metal se liberó de su presa y correteó por la acera, con las piernas todavía rígidas.

El chico y su padre aflojaron el paso hasta detenerse y lo miraron con interés. El hombre sentado esbozó una débil sonrisa; vio que la figura se les acercaba contoneándose, con los brazos subiendo y bajando.

– Cómprele algo a su hijo. Un compañero de juegos apasionante. Le hará compañia.

El padre sonrió al ver la figura que se acercaba a su zapato. El soldadito tropezó con él. Resolló y chasqueó. Sus movimientos cesaron.

– ¡Dale cuerda! – Bobby cogió el soldadito -. ¡Dale cuerda!

– Te lo compraré – dijo su padre.

Buscó en su bolsillo y entregó al hombre un billete de un dólar. El vendedor le devolvió el cambio con torpeza, desviando la mirada.

La situación era excelente.

La figurita yacía en silencio, pensativa. Todas las cricunstancias habían conspirado para dar lugar a una solución óptima. El chico podría haberse negado a parar, o el adulto podría haber salido sin un céntimo. Muchas cosas podrían haberse torcido; este pensamiento le desagradaba. Pero todo había ido bien.

La figurita, tumbada en la parte trasera del coche, tenía los ojos abiertos de par en par. Había interpretado correctamente ciertos signos: los adultos poseían el control, luego los adultos tenían dinero. Tenían poder, pero su poder dificultaba entrar en contacto con ellos. Su poder y su tamaño. Con los niños era diferente. Eran pequeños, y resultaba fácil hablarles. Aceptaban todo cuanto oían y hacían lo que se les ordenaba. Al menos, es lo que decían en la fábrica.

La figurita yacía perdida en pensamientos vagos y deliciosos.

El corazón del niño latía con rapidez. Subió corriendo las escaleras y abrió la puerta de un empujón. Después de cerrarla con cuidado se sentó en la cama. Miró lo que apretaba entre sus manos.

– ¿Cómo te llamas? – preguntó -. ¿Cuál es tu nombre?

La figura de metal no respondió.

– Te presentaré. Has de conocer a todos. Te gustará estar aquí.

Bobby depositó la figura en la cama. Fue al armario y sacó una abultada caja de cartón llena de juguetes.

– Éste es Bonzo – dijo. Levantó un pálido conejo de trapo- . Y Fred. – Le dio la vuelta al cerdo de goma para que el soldado lo viera – . Y Teddo, por supuesto. Éste es Teddo.

Llevó a Teddo hasta la cama y lo acostó junto al soldado. Teddo quedó tendido en silencio, mirando el techo con sus ojos de cristal. Teddop era un oso pardo. Jirones de paja sobresalían de sus junturas.

– ¿Cómo te vamos a llamar? – dijo Bobby -. Creo que deberíamos reunirnos y decidir. – Hizo una pausa y reflexionó – . Te daré cuerda y así veremos cómo funcionas.

Lo hizo con el máximo cuidado. Luego se agachó y puso la figura en el suelo.

– Adelante – dijo Bobby.

La figura de metal no se movió. Después empezó a remolinear y cliquetear. Recorrió el suelo a sacudidas. Cambió burscamente de dirección y se lanzó hacia la puerta. Allí se paró. A continuación enfiló hasta unos bloques de construcción y los derribó en un confuso montón. Bobby lo observaba con interés. La figurita se afanaba con los bloques y los apiló en forma de pirámide. Finalmente, se subió encima e hizo girar la llave.

Bobby se rascó la cabeza, asombrado.

– ¿Por qué has hecho eso?

La figura descendió y atravesó la habitación hasta llegar junto a Bobby, sin dejar de remolinear y cliquetear. Bobby y los peluches miraron sorprendidos y maravillados. La figura llegó a la cama y se detuvo.

– ¡Súbeme! – gritó impacientemente con su voz fina y metálica -. ¡Rápido! ¡No te quedes ahí sentado!

Los ojos de Bobby se abrieron de par en par. Parpadeó varias vees. Los peluches no dijeron nada.

– ¡Vamos! – aulló el soldadito.

Bobby se inclinó. El soldado le agarró la mano con fuerza. Bobby lanzó un chillido.

– Tranquilízate – ordenó el soldado -. Súbeme a la cama. He de discutir algunos asuntos contigo, asuntos de gran importancia. Sigue leyendo

Creatures of the night

Acabo de ver algo que me ha dejado con una sonrisa en los labios.

RHPS-Lips


Como algunxs de lxs que me conocéis sabéis, últimamente me ha dado por ver series y ya me he visto unas cuantas: South Park, Me Llamo Earl, Padre de Familia, Aquellos Maravillosos 70, Malviviendo, Futurama, The IT Crowd, … y muchas que están en proceso… Bien, una de esas series que están en proceso es Caso Abierto (Cold Case), una serie de maderos. Cada capítulo cuenta la investigación de un caso de homicidio que quedó archivado en su momento por falta de pruebas o de culpables. Este caso se reabre y los policías tienen que reconstruir lo sucedido hace, quizás, 80 años. Para ello, se valen sobre todo de dos herramientas: los flashbacks (de manera que “puedes ver” al personaje en el “pasado” y en la “actualidad”  y la música, que durante todo el capítulo se ajusta a la época en la que sucedió el crimen.

Y como algunxs de lxs que me conocéis sabéis, soy una friki y me gusta “The Rocky Horror Picture Show“, me parece una película brutal, que habré visto más de 30 veces (sin exagerar) entre visionados íntimos, en compañía (de varias personas, – una vez que supe de su existencia me creí en la misión de extender la palabra de Frankenfurter.) , y pases de cine en el Casablanca de Gràcia y otros lugares (pagando y gratis).

Para los que no conozcáis el espectáculo Rocky Horror deciros que creo que no se puede explicar el argumento de la película (1975)  sin que parezca una mierda, pero merece la pena verla aunque sea por Susan Sarandon jovencita en ropa interior, Tim Curry travestido (Frankenfurter) y  Patricia Quinn (Magenta) que tiene un morbazo tremendo. Resumiendo un poco bruscamente: Una especie de parodia de muchas películas de ciencia ficción en la que a una parejita de tontos se le avería el coche y van a un castillo a pedir ayuda y …. cantan y follan (En serio, no sé contar la película sin que quede aburrido, no sé…)

Bueno pues, mi mama, que siempre está atenta a estas tonterías y me las cuenta, el otro día vio un capítulo de Cold Case en laSexta en el que rendían homenaje a esa Gran Película. Ya había visto un homenaje en Aquellos Maravillosos 70, pero no fue nada comparado con lo que han hecho en Caso Abierto.

CREATURES OF THE NIGHT

No sólo han utilizado la banda sonora de The Rocky Horror Picture Show para ambientar la serie (el asesinato fue en 1977), si no que han incluido escenas de pases con cast, uno de los personajes (un  preso por homicidio en serie ultracristiano) está interpretado por  Barry Bostwick (Brad Majors) , y los actores que hacían la parte de los flashbacks actuaban con “tanta espontaneidad” y cursilería como Brad y Janet (actuaciones de Óscar, sin duda). Sin olvidar, ese final del capítulo en que mientras suena “Over at the Frankenstein place”  hacen un guiño más que evidente a RHPS. Además, alguno de los “policías” conocía la película y han hecho clara propaganda de ella: no es una película, es un espectáculo.

Pero mola.

Porque aunque yo no sepa contarlo bien, es un buen homenaje/campaña de márketing de una serie decente a una película brutal.. y eso pues…mola.

Flashbacks

Barry

señorajanetseñora