[Especial] Vacaciones improvisadas (I. Previaje)

Ya he vuelto de vacaciones, y para seguir la mala costumbre que estoy cogiendo últimamente con PalabradeLagartija de dedicarme únicamente a contar batallitas, voy a explicaros como fue la preparación y transcurso del viaje.. Si hubieran sido unas vacaciones “normales” no me tomaría la molestia de contarlo, pero es que ha sido todo muy extraño, curioso y desconcertante.. pero joder, ¡qué viaje!

Necesitaba irme, salir de esta puta ciudad y del asqueamiento que me embargaba, pasármelo bien y tomarme un respiro de todo. Sin nada que hacer, nadie con quien quedar, frustrada y sin esperanzas de mejoras a corto plazo. Y fíjate tú, que al final salió algo.

PREPARACIÓN:

Teóricamente llevaban a “Carcajada Sonora” (“Carqui” en adelante) en furgoneta hasta Granada, quedábamos allí, dónde podíamos quedarnos a dormir en casa de una gente y luego ir moviéndonos a otros lados haciendo autostop. Dispuestas a dormir en parques y playas, con el dinero justo (mío, a devolver), y sin plan establecido, pero con muchas ganas, empezó la aventura.

Como sabéis, soy un poco idiota. Cuando estuve mirando por internet, las opciones de transporte que tenía para ir, finalmente y a falta de respuesta de los contactos de las páginas de “compartir coche” (viajamosjuntos, comuto, amovens), me decidí por ir en Renfe (70 euros). La idea era llegar el sábado por la mañana y encontré un tren que cumplía las condiciones y como no tengo tarjeta de crédito, fui a comprar, de un día para otro, un billete dirección Granada a Sants-Estació. Después de una hora de viaje hasta la estación y de 40 minutos de espera para ser atendida, me informa el taquillero de que no quedan plazas, que pruebe a hacerlo por internet, que igual queda alguno en las ofertas. Llamo a mi madre para que me deje su tarjeta de crédito, pero no sé exactamente por qué, no vale para compras por internet. Me dice que pruebe a preguntarle a una amiga suya, que me dice que no sabe hacerlo y que me deja la tarjeta, pero que vaya a su casa y lo haga yo. Tras otra hora de viaje, llego a casa de esta mujer, voy a comprar el billete, y me encuentro con que no quedan. Así que compro un billete de avión por ochenta euros que sale a primera hora de la mañana del sábado, lo que me permite llegar allí según lo planeado.

Tuve que salir de casa a las 4:30 de la madrugada para llegar al aeropuerto a la hora. Cogí el primer tren que se dirigía allí. Llovía, y el autobús que lleva desde la Renfe hasta la Terminal 1, iba despacio. La cola para obtener la tarjeta de embarque era tremenda. Cuando por fin me toca, me dicen que hace 2 minutos que han cerrado el vuelo y que no embarco. Le digo que el vuelo no ha salido aún, que no tengo que facturar maleta, pero pasa de mí y me dice que me vaya a quejar a otra parte. Y es lo que hago. Me informan de que puedo ser ubicada en otro vuelo, pagando una multa que asciende a 85 euros y de que tengo una hora para realizar el pago o se me anula la posibilidad y tendría que comprar un billete nuevo por 150 euros. Reflexiono y pese al dolor, decido pagar la multa, pero el efectivo del que dispongo no es suficiente, así que voy en busca de un cajero. Ningún cajero del aeropuerto tiene entrada para libretas, solo para tarjetas, así que me mandan a la oficina de la Caixa que hay en la parte de abajo. Allí, el cajero automático me informa de que a pesar de haber ingresado 350 euros el día anterior, mi saldo es inferior a 90 euros. Como la oficina no abre hasta las 7:30, tengo tiempo de ir a la taquilla de Vueling a explicarles lo que pasa y me dicen que me dejan un cuarto de hora más para pagar la multa. Hago cola en la oficina, el hombre no abre la ventanilla hasta las 37 y tengo a 3 personas por delante que tienen que hacer gestiones que consumen una cantidad de tiempo considerable así que cuando llega mi turno ya se ha pasado el cuarto de hora extra y el hombre me informa de que no dispongo de ese dinero porque al parecer hay varias maneras de realizar los ingresos y yo había elegido la peor y ese dinero no estaría disponible hasta el lunes por la mañana.

Agotada, frustrada, enfadada, sintiéndome gilipoyas… decidí irme a casa a dormir y decidir qué hacer. Estaba tan perdida, que no sabía qué tenía que hacer para volver a la estación de la Renfe y tras caminar un rato buscando una indicación (por la que seguramente pasé varias veces pero en mi estado no la vi), me senté a esperar un autobús que me llevara hasta dónde fuese y luego coger el metro allí. Paró un taxi a preguntarme si me llevaba y le dije que no tenía dinero. Me preguntó a dónde iba y me dijo que el trayecto serían unos 6 euros. No sé muy bien cómo, al final se ofreció a llevarme gratis y me dió su número de teléfono por si otro día necesitaba un taxi y quería pagarle el viaje.

Cuando llegué a casa, me dí cuenta de que no tenía llaves, se las había dejado a una vecina en el buzón (instrucciones de mamá). Estuve cinco minutos llamando al timbre pero no respondieron y le pedí a mi madre que la llamara. Son gente que siempre están en casa, viven encerrados. Pero justamente, ese día, se fueron a Palamós y no pensaban volver hasta el día siguiente. Fui a casa de mi abuelo que me suponía de viaje, le expliqué lo que había pasado y tras aguantar la bronca de turno y el “es que no haces nada bien”, me dejó su copia de las llaves y pude, por fin, llegar a casa a descansar.

Dormí unas horas y me puse a pensar qué hacer, a valorar las opciones que tenía y las ganas de irme (que se habían desvanecido por los sucesos acontecidos). Mientras hacía esto, me abrió conversación por MSN un amigo que, cuando supo que estaba en Barcelona todavía, me llamó por teléfono y tras escuchar mi relato, se ofreció a adelantar el dinero del billete de autobús (70 euros, 13 horas). Llorando y con la autoestima por los suelos, le agradezco el favor y me voy a la estación de autobuses. Tras 13 horas de viaje en las que me vi acosada por un tipo paquistaní pesado que no me dejó dormir hasta llegar a Valencia (porque bajó), llegué a la estación de autobuses de Granada.

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Working as MOCHILA(wo)MAN

Hará aproximadamente un mes que envié un correo en respuesta a un anuncio de trabajo en loquo.com a una empresa que se dedica a poner jovencitos y jovencitas a dar vueltas por los conciertos, con una mochila de 18 kg de cerveza a la espalda, al más puro estilo DuffMan.

Se pusieron en contacto conmigo para los conciertos de U2 que se hicieron  en Barcelona el martes y el jueves pasado, y como no tengo más que 20 euros en la cartilla del banco (y no guardo mis ahorros bajo el colchón), creí conveniente ir a trabajar y ganar lo poco que pudiese.

Bueno, igual no se parece mucho…

Nos hicieron presentarnos en el Camp Nou a las 16h. Hasta el momento, no me había parado a pensar la cantidad de empleos eventuales que ofrecen este tipo de eventos, pero el volumen de personal esperando para entrar al campo era exageradamente grande.

El trabajo tiene las siguientes características: Te pones un polo azul – o rojo –  y un delantal, acomodas 18kg a tu espalda en una mochila – tipo acampada – especialmente diseñada para llevar un barril de cerveza con manguera y tirador y te atas una riñonera con billetes y monedas en la cintura. Paseas durante horas por el recinto pidiendo a la gente que se deje robar a cambio de un vaso de cerveza (6 euros) y cuántas más cervezas vendas, más dinero ganas. En teoría y según lo que firmamos, teníamos un sueldo base de unos 30 euros en concepto de 4 horas de trabajo más horas extras más vacaciones a lo que había que sumar 14 céntimos por cerveza vendida (Unos 5 euros y medio por barril). Hasta aquí la teoría.

Aunque el concierto empezara a las 20:30 aproximadamente, el primer grupo de mochilamanes y mochilawoman (yo) salimos a dar vueltas a las 17:30 cuando los posibles clientes eran verdaderamente escasos, más teniendo en cuenta que el tirador estaba mal calibrado y salía demasiada espuma – por lo que perdí parte del primer bidón.

Una vez empezó la música todo fue mucho más sencillo, la gente ya había bebido suficiente como para que no le importara tanto pagar 6 euros por un vaso de cerveza  (al fin y al cabo, muchos se habían dejado más de 100 euros en la entrada, el concierto no era para tanto [sí,  era espectacular y todo eso, pero por 30 euros. Por 100 euros exijo cunilingus por parte de todos los miembros del grupo para poder afirmar que valió la pena]) y estaban contentos. Tanto que debí sacarme unos 15 euros en propinas (entre borrachos, babosos, guiris, grupis y guiris borrachos y babosos).

Acabé destrozadísima.

Pero el jueves volví. Eso sí, me duele todo, nada de salir tan pronto, salí en el último grupo (20:30).

Cuando empieza tu segundo día de trabajo piensas que todo irá mejor, porque ya tienes algo de experiencia, y has aprendido a gestionar positivamente según qué conflictos y problemas. Sin embargo, si eres yo, todo esto se va a la mierda porque seguramente tengas la fortuna de llevarte la peor mochila de todas, esa que se estropea, la arreglan, y se vuelve a estropar. Esa que después de 20 minutos de dar vueltas sin ninguna venta y cuando por fin consigues que alguien acceda a comprarte cerveza, hace “FFFFFFFF” y te llena todo el vaso de espuma. O la mitad del vaso. O no sale más que un débil chorrillo que tarda más de 5 minutos en llenar un triste vaso de 6 euros. Perdí las primeras horas de trabajo en el técnico de mochilas, me sentía como en el ambulatorio de mi barrio. Estás jodido, vas, te esperas mucho rato, al final te llaman, te atienden y te “arreglan” (o te recetan drogas para que “te arregles”), sales, pero luego vuelves a sentirte mal. Les pedí por favor que no me engañaran, que si no tenía solución me lo dijeran, que no me dejaran crearme esperanzas sobre la supervivencia de la mochila.  Finalmente parece que el tratamiento dio sus frutos y (2 horas más tarde casi de la hora pactada) empecé a ganar dinero.

La gran sorpresa me la llevé en el momento de cobrar. ¿Recordáis las condiciones que os he descrito antes?

Bien pues, resulta que no, que no, que no. Que lo del sueldo base es una especie de mínimo de ventas (pese a que los conceptos quedaran bien explicados en la nómina). Es decir, que era todo una puta estafa. Que nuestro sueldo dependía únicamente de las ventas (esos 14 céntimos por cerveza vendida a 6 euros) y lo del contrato y la nómina no es más que una fachada para ser aparentemente legales. Y no se trata de un tema de legalidad, se trata de que nos engañaron.

Así que, según los cálculos aproximados que yo había hecho habría tenido que cobrar:

x= Día 1 (sueldo base + comisión[5,5 x barril (+ 6,5 por más de 6 barriles vendidos]+ propinas) + Día 2 (sueldo base + comisión [5,5 x barril] + propinas)

x= Día 1 (30 + [5’5 x 7 (+6,5)] + 14) + Día 2 (30 + [5,5 x 6] + 10)

x= Día 1 (30 + 45 + 14) + Día 2 (30 + 33 + 10)

x= Día 1 (89)+ Día 2 (73)

x= 162 euros.

Cifra que se aleja bastante de lo realmente percibido, 119,5 (propinas incluidas).

* A ver si ahora se entienden mejor los cálculos…

Pues eso,

kk.