Cosas de la lengua

Hoy, al salir de trabajar, he sido consciente de algo que me ha dejado un poco inquieta… supongo que es la manía de querer entender todo lo que pasa en el interior de este casco de hueso. No, no voy a ponerme profunda, suficiente tuve con la cancioncita del otro día (es que cuando me baja la regla me pongo sensiblona argh).

Mis padres son de habla castellana, por lo que mi idioma materno es el castellano. Empecé a aprender catalán desde pequeña, aunque en casa hablaran en castellano y me comunico perfectamente (bueno, depende del día, pero eso también me pasa con el castellano…). A los seis o siete años, mi madre empezó a enseñarme inglés con canciones y juegos, lo cual me predispuso para tener facilidad para ese idioma. En el colegio, a los 14 o 15, empecé a estudiar francés, pero no me acuerdo de casi nada y no es un idioma que me gustara… luego en el bachillerato hice latín….Vale. Hasta ahí normal.

También es normal que hablando desde tan pequeña tanto catalán como castellano, mezcle los idiomas a veces a propósito y por freakada (hay palabras o expresiones que me gustan más en catalán y las digo como me da la gana) y otras porque sí. También es normal (aunque no “correcto”, todavía más teniendo en cuenta lo tiquismiquis que soy) que envie smss y mails en los que en una misma frase hay cosas en castellano, catalán e inglés.

Siguiendo con este rollo de la normalidad, también es normal que una misma persona (en este caso: yo) pueda pensar en diferentes idiomas, dependiendo del contexto (alguna vez me he encontrado a mí misma pensando en inglés y he flipado, pero es normal.)

Normal es que cuando estás expuesta a un determinado acento, se te acabe pegando. Hay gente que tiene más facilidad para esto y supongo que, por el momento, puedo considerarme una de esas personas.

Pero, ¿es normal pensar en otro acento? me he pasado toda la tarde hablando en el trabajo con una chica argentina la mar de maja (pero de la que no me acabo de fiar) y me he dado cuenta de que aunque yo le hablaba con acento castellano (con tendencias catalanas, gallegas o vete a saber tú qué depende del día)  pensaba en “argentino”. Y  me salía un acento de puta madre, oye,  pero soy incapaz de mandarle la orden correctamente a las cuerdas vocales. Pensaba: “me podés axudar a poner esto acá” y decía: “me pues ayudar a poner esto acá”. Y así toda la tarde… No sé. a mí me parece raro, he googleado y no he encontrado nada, tampoco he buscado mucho, pero me gustaría saber si a alguna de las personas que lea este artículo, le ha pasado en algún momento.. supongo que sí, pero es que no es una cosa que se te ocurra comentar así porque sí, a no ser que seas una rayada como yo.

No sé, me hago gracia…

¿Por qué piensa que es usted una planta?

Philip K. Dick, “Flautistas en el bosque” (1953). Fragmentos.

– Bien, cabo Westerburg – preguntó suavemente el doctor Henry Harris -, ¿por qué piensa que es usted una planta?(…)

El cabo le miró con timidez. Se aclaró la garganta.

– No es que lo piense, señor, es que soy una planta. Hace días que soy una planta.

– Comprendo.  – El doctor movió la cabeza -. ¿Quiere decir que no ha sido siempre una planta?

– No, señor. Me convertí en una planta hace poco.

– ¿Y qué era antes de convertirse en una planta?

– En fin, señor, lo mismo que los demás.

(…)

– Cabo, debe comprender que muy pocos hombres se convierten en plantas, especialmente en un lapso de tiempo tan breve. He de admitir que es usted la primera persona que me comunica algo semejante.

– Sí, señor, es algo muy raro.

– Comprenderá los motivos de mi interés. Cuando dice que es una planta, ¿significa que carece de movilidad? ¿O que es un vegetal y no un animal? ¿O qué?

(…)

No puedo decirle nada más- murmuró -. Lo lamento.

– Bien, ¿le importaría decirme cómo se convirtió en una planta?

(…)

– Ni siquiera puedo decirle eso, señor.

– ¿Que no puede? ¿Por qué?

– Porque… porque prometí no hacerlo.

(…)

– Cabo, dígame únicamente quién se lo hizo prometer.

– No puedo decírselo, señor. Lo siento.

(…)

– Cabo, ¿puedo hacerle una pregunta? ¿Se propone hacer esto el resto de sus días? ¿Pretende seguir sentado al sol sobre una roca?

Westerburg asintió.

– ¿Y su trabajo? Fue a la escuela durante años para ser patrullero. Tenía verdaderas ganas de ingresar en la patrulla. Obtuvo excelentes calificaciones, una posición de primera clase. ¿No le apena abandonar todo eso? Le resultaría muy difícil volver. ¿No se da cuenta?

– Sí .

– ¿De veras va a tirarlo todo por la  borda?

– Exacto.

Harris permaneció en silencio un rato. Por fin, arrojó el cigarrillo y se volvió hacia el joven.

– De acuerdo, supongamos que deja su trabajo y se sienta al sol. ¿Qué pasará después? Alguien ocupará su lugar ¿verdad? Alguien tiene que hacer su trabajo. Si usted no lo hace, lo hará otro.

– Supongo que sí.

– Westerburg, imagínese que todo el mundo se comportara como usted. Imagine que todo el mundo quisiera estar sentado al sol todos los días. ¿Qué ocurriría? Nadie se ocuparía de controlar las naves que llegan desde el espacio exterior. Bacterias y cristales tóxicos penetrarían en el sistema, provocando la muerte en masa y tremendos sufrimientos. ¿Le parece bien?

– Si todo el mundo se comportara como yo, nadie iría al espacio

– Pero es necesario. Hay que comerciar, hay que conseguir minerales, productos y plantas nuevas.

– ¿Por qué?

– Para que la sociedad prosiga su curso

– ¿Por qué?

– Bien… – Harris hizo un ademán vago -. La gente no podría vivir sin una sociedad.

Westerburg no respondió. Harris le miró fijamente, pero el joven no no dijo nada.

– ¿No es así? – preguntó Harris.

– Quizás. Es un asunto complicado, doctor. Como ya sabe, me esforcé durante muchos años para pasar el entrenamiento. Tenía que trabajar para estudiar: fregaba platos, hacía de pinche de cocina y por las noches estudiaba, aprendía, me quemaba las pestañas, un día tras otro. ¿Sabe lo que pienso ahora?

– No.

– Ojalá me hubiera convertido antes en una planta.

Cadenas y grilletes

Texto extraído del libro “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole.
Ignatius J. Reilly:

Sabéis, los grillos y las cadenas tienen funciones en la vida moderna que jamás debieron de imaginar sus febriles inventores en una época más simple y antigua. Si yo fuera un constructor de casas lujosas, instalaría por lo menos un equipo de cadenas, fijadas en las paredes de todas las nuevas casas amarillas de ladrillo tipo rancho y de todos los chalets dúplex de Cabo Cod. Cuando los residentes se cansasen de la televisión y del ping pong o de lo que hiciesen en sus casitas, podrían encadenarse unos a otros un rato. Les encantaría a todos. Las esposas dirían: “Mi marido me encadenó anoche. Fue maravilloso. ¿Te lo ha hecho a ti tu marido, últimamente?” Los niños volverían corriendo del colegio a casa, a sus madres, que estarían esperándoles para encadenarles. Esto ayudaría a los niños a cultivar la imaginación, cosa que la televisión les veta. Y habría una reducción apreciable en el índice de delincuencia juvenil. Cuando el padre volviera del trabajo, la familia unida podría agarrarle y encadenarle por ser tan imbécil como para estar trabajando todo el día para mantenerles. A los parientes viejos y revoltosos podría encadenárseles a la puerta del coche. Sólo se les soltarían las manos una vez al mes para que pudieran firma los cheques de la seguridad social. Las cadenas y los grilletes podrían asegurar una vida mejor para todos.

Tengo que conceder un espacio a este asunto en mis notas y apuntes.

– Oh, querido – Dorian suspiró -. ¿Es que no te vas a callar nunca?

Working as MOCHILA(wo)MAN

Hará aproximadamente un mes que envié un correo en respuesta a un anuncio de trabajo en loquo.com a una empresa que se dedica a poner jovencitos y jovencitas a dar vueltas por los conciertos, con una mochila de 18 kg de cerveza a la espalda, al más puro estilo DuffMan.

Se pusieron en contacto conmigo para los conciertos de U2 que se hicieron  en Barcelona el martes y el jueves pasado, y como no tengo más que 20 euros en la cartilla del banco (y no guardo mis ahorros bajo el colchón), creí conveniente ir a trabajar y ganar lo poco que pudiese.

Bueno, igual no se parece mucho…

Nos hicieron presentarnos en el Camp Nou a las 16h. Hasta el momento, no me había parado a pensar la cantidad de empleos eventuales que ofrecen este tipo de eventos, pero el volumen de personal esperando para entrar al campo era exageradamente grande.

El trabajo tiene las siguientes características: Te pones un polo azul – o rojo –  y un delantal, acomodas 18kg a tu espalda en una mochila – tipo acampada – especialmente diseñada para llevar un barril de cerveza con manguera y tirador y te atas una riñonera con billetes y monedas en la cintura. Paseas durante horas por el recinto pidiendo a la gente que se deje robar a cambio de un vaso de cerveza (6 euros) y cuántas más cervezas vendas, más dinero ganas. En teoría y según lo que firmamos, teníamos un sueldo base de unos 30 euros en concepto de 4 horas de trabajo más horas extras más vacaciones a lo que había que sumar 14 céntimos por cerveza vendida (Unos 5 euros y medio por barril). Hasta aquí la teoría.

Aunque el concierto empezara a las 20:30 aproximadamente, el primer grupo de mochilamanes y mochilawoman (yo) salimos a dar vueltas a las 17:30 cuando los posibles clientes eran verdaderamente escasos, más teniendo en cuenta que el tirador estaba mal calibrado y salía demasiada espuma – por lo que perdí parte del primer bidón.

Una vez empezó la música todo fue mucho más sencillo, la gente ya había bebido suficiente como para que no le importara tanto pagar 6 euros por un vaso de cerveza  (al fin y al cabo, muchos se habían dejado más de 100 euros en la entrada, el concierto no era para tanto [sí,  era espectacular y todo eso, pero por 30 euros. Por 100 euros exijo cunilingus por parte de todos los miembros del grupo para poder afirmar que valió la pena]) y estaban contentos. Tanto que debí sacarme unos 15 euros en propinas (entre borrachos, babosos, guiris, grupis y guiris borrachos y babosos).

Acabé destrozadísima.

Pero el jueves volví. Eso sí, me duele todo, nada de salir tan pronto, salí en el último grupo (20:30).

Cuando empieza tu segundo día de trabajo piensas que todo irá mejor, porque ya tienes algo de experiencia, y has aprendido a gestionar positivamente según qué conflictos y problemas. Sin embargo, si eres yo, todo esto se va a la mierda porque seguramente tengas la fortuna de llevarte la peor mochila de todas, esa que se estropea, la arreglan, y se vuelve a estropar. Esa que después de 20 minutos de dar vueltas sin ninguna venta y cuando por fin consigues que alguien acceda a comprarte cerveza, hace “FFFFFFFF” y te llena todo el vaso de espuma. O la mitad del vaso. O no sale más que un débil chorrillo que tarda más de 5 minutos en llenar un triste vaso de 6 euros. Perdí las primeras horas de trabajo en el técnico de mochilas, me sentía como en el ambulatorio de mi barrio. Estás jodido, vas, te esperas mucho rato, al final te llaman, te atienden y te “arreglan” (o te recetan drogas para que “te arregles”), sales, pero luego vuelves a sentirte mal. Les pedí por favor que no me engañaran, que si no tenía solución me lo dijeran, que no me dejaran crearme esperanzas sobre la supervivencia de la mochila.  Finalmente parece que el tratamiento dio sus frutos y (2 horas más tarde casi de la hora pactada) empecé a ganar dinero.

La gran sorpresa me la llevé en el momento de cobrar. ¿Recordáis las condiciones que os he descrito antes?

Bien pues, resulta que no, que no, que no. Que lo del sueldo base es una especie de mínimo de ventas (pese a que los conceptos quedaran bien explicados en la nómina). Es decir, que era todo una puta estafa. Que nuestro sueldo dependía únicamente de las ventas (esos 14 céntimos por cerveza vendida a 6 euros) y lo del contrato y la nómina no es más que una fachada para ser aparentemente legales. Y no se trata de un tema de legalidad, se trata de que nos engañaron.

Así que, según los cálculos aproximados que yo había hecho habría tenido que cobrar:

x= Día 1 (sueldo base + comisión[5,5 x barril (+ 6,5 por más de 6 barriles vendidos]+ propinas) + Día 2 (sueldo base + comisión [5,5 x barril] + propinas)

x= Día 1 (30 + [5’5 x 7 (+6,5)] + 14) + Día 2 (30 + [5,5 x 6] + 10)

x= Día 1 (30 + 45 + 14) + Día 2 (30 + 33 + 10)

x= Día 1 (89)+ Día 2 (73)

x= 162 euros.

Cifra que se aleja bastante de lo realmente percibido, 119,5 (propinas incluidas).

* A ver si ahora se entienden mejor los cálculos…

Pues eso,

kk.